Por Derecho (V): ¡Ay caramba!

 


Pues llegamos al momento decisivo del verano en Madrid, la última novillada del certamen de festejos nocturnos, que este año decide quiénes pasan a la final con los Fuente Ymbro —por enésima vez...

Vino, para este festejo del jueves 28, a tomar antigüedad la ganadería pucelana de Brazuelas con una novillada desigualmente presentada, tres y tres novillos, pero todos ellos eso sí con la seriedad que pide Madrid. Incluso diríamos algunos que primero, cuarto y quinto podrían haber pasado como toros en Sevilla. Bien cuajados por detrás todos salvo el primero —que aún así se mantuvo en pie— resultó una novillada variada, interesante y rayando en bravura a altas cotas. Variada también en el pelaje, pues eran por orden: negro salpicado, listón y gargantillo; ensabanado mosqueado, botinero, bocinegro, caricárdeno y ojalado; negro zaino; castaño albardado, bragado, meano, axiblanco y bocidorado; colorado anteado, chorreado en verdugo, lavado, bragado, meano corrido, axiblanco, girón, ojo de perdiz y bocidorado; castaño claro, ojinegro y bocidorado. A destacar primero por bonancible, segundo por reservón, cuarto por encastado y sexto por codicioso. Desde luego, la más completa de las novilladas nocturnas de este año.

Los chavales estuvieron bastante bien los tres, no se les puede poner pegas más allá de la inexperiencia por su edad. Quizá a Fernando Plaza, que acusa serios problemas al coger la espada, pero ni siquiera. Calerito —de nazareno y oro— estuvo muy serio toda la tarde, sabiendo templar y alargar la embestida de sus animales. Tuvo el mejor lote: Bombero, primero de la tarde, que fue bueno pasando sin pena ni gloria por varas pero sacando fuerzas en la muleta y embistiendo con codicia y sabiendo lo que se dejaba atrás. Un toro con conatos de bravura, diríamos. Con él, el mayor fallo que tuvo Calerito fue la colocación, que debido a ella desplazaba mucho al toro y no consiguió hacer romper la faena, aunque le sacó alguno bueno. Mató de estocada contraria y dió la vuelta al ruedo —muy justa aunque, una vez más sin razón, el 7 la protestase. Su segundo fue el gran Enrollado, toro de los que nos gustan a los aficionados.

Lo picó maravillosamente Manuel Jesús Ruiz —aunque el puyazo donde deba darse sea en el morrillo, pero bueno...— y tomó dos varas en las que no dejó de empujar con la cara bajo el caballo y en las que lo llevó a tablas. Sirva este novillo de ejemplo de la urgencia de una reforma de la puya, a fin de reducir su tamaño y cambiar su forma a una pirámide cuadrangular, ya que acabaron los puyazos con el animal. Recordó a aquel bravísimo colorado de Santiago Domecq, Zahareño, que tomó tres soberbios puyazos y acabó por agotarse. 

Más tarde se supo que uno de los puyazos le tocó la pleura del pulmón y esto imposibilitó al animal. Como digo: urge. Y como este del año 2019, nuestro Enrollado también se agotó y quedó en un quiero y no puedo que tampoco dió opciones a Calerito que mató de una estocada desprendida.

Fernando Plaza —de Chenel y oro— dió imagen de torero artista con el peor lote de la corrida. A ambos animales les hizo cosas de mucho gusto, como remates muy templados por trincheras e incluso algún derechazo de rodillas de cartel, pero fueron dos animales los suyos que no dieron para grandes alardes. El ensabanado parado y reservón desde las banderillas, y tuvo un desarrollo a menos movilidad
incluso. Y el quinto salió manseando y sin fijarse, ocurriendo el mismo desenlace que con el ensabanado: se acabó parando. Como he dicho antes, su peor versión la da cuando toma la espada, matando respectivamente de dos pinchazos y estocada trasera, y pinchazo y entera algo tendida.

Y por último, El Niño de las Monjas —de vainilla y oro con cabos negros, la verdad es que el traje era horroroso— que estuvo con disposición toda la tarde. Tuvo un lote desigual, el peor y el mejor toro, siendo el tercero un animal muy flojo, mayormente parado y prácticamente sin picar. Con él hizo lo más que pudo y tiró de él bastante bien, matando de un pinchazo y una estocada caída. El Gordo le tocó en el último de la novillada, Separado de nombre. Fue este un animal entregado desde un primer momento, humillando incluso cuando lo recibió a porta gayola. En varas cumplió dignamente y apretando abajo, pero en mucha menor medida que su hermano Enrollado, nadie es perfecto. Pero en la muleta fue un torrente de codicia sin olvidar tampoco dónde estaba su oponente.

Humillación, codicia, una embestida emocionante... fue este un animal para consagrarse en Las Ventas, pero nuestro torero del clérigo no supo entenderlo como merecía. Era un toro de distancias largas, de temple y firmeza, y vimos al Niño de las Monjas muy acelerado con él, agobiando al animal e invadiendo unos terrenos que el toro necesitaba para embestir como lo había demostrado y con prontitud. Pese a todo, él tampoco estuvo mal, estuvo de hecho correcto y serio. Mató de una terrible estocada trasera. Anunciaron al día siguientelos finalistas, que estaba claro quienes iban a ser: Calerito, José Fernando Molina y El niño de las Monjas, los tres muy merecidos, aunque no podemos olvidarnos tampoco de Fernando Plaza. También salieron los carteles de Agosto, una pifia más de Plaza 1, que resultan aburridos, cansinos y a los que dudo que vaya mucha gente ya que son los domingos a las siete de la tarde con la torra de calor cayendo directamente sobre la piedra, aparte del nulo interés de los renjones y de unas novilladas que sólo nos interesan a cuatro personas. Caso aparte es el cartel de la corrida de la Paloma, que es el peor cartel de la temporada y encima con Fuente Ymbro — hay que joderse.

En fin, esto nos deparará el Agosto madrileño, que ciertamente no se lo recomiendo a nadie. Inviertan mejor el tiempo en pasarlo con la familia, váyanse a la playa o al pueblo —a ser posible sin molestar el campo— y disfruten amigos lectores que la tauromaquia madrileña está de cierre por jubilación.

Por Quesillo

Comentarios