Sevilla, ¡Cuánto te hemos añorado!

 

Foto: Paco Fuentes(ElPaís)

Por Pablo Pineda

Más vale tarde que nunca, pero, maldita sea esa tardanza que nos ha tenido a todos en vilo desde abril. Cuando todo estaba casi listo, un desacuerdo entre los distintos organismos de la Administración y Empresa Pagés, nos privó de lo que apuntaba a ser una gran feria. Ahora, por fin podemos decir que ha llegado el momento.

La feria se presenta con grandes alicientes: mano a mano entre Ferrera y De Justo (recordemos la vibrante corrida en Madrid este mismo año), grandes figuras acarteladas, novilleros que quieren exponerse y toreros que deben confirmar su grandeza en otras plazas de menor categoría. Aparte, la gran cita de Morante con Miura en su temporada estrella.

El inconveniente es una “cara B” que quizá es de mayor dimensión que los beneficios que nos atañen. El elenco ganadero es, como era de esperar, muy pobre respecto a la variabilidad genética. Es algo que siempre ocurre pero que se deberá corregir para lograr una gran feria. No es de justicia, ni emocionante, que se lidien los hierros de siempre e incluso tengan la oportunidad de repetir. Con lo que respecta a los matadores, ocurre parecido, pues algunos repiten en tiempos de escasez.

El trato al cliente es algo a mejorar. Un canje de entradas ridículo que ha provocado colas insoportables. Entradas y abonos inaccesibles para la mayoría, parece que siguen empeñados en convertir esto en una fiesta de ricos. Y una mala organización en la venta presencial de entradas que irritó hasta al diablo. Hay que agilizar la venta, no es normal ver a gente marchándose de las colas. Al final, son ellos los que pierden.

El colofón a todo este desastre es que, tras el sainete de abril con el empeño en el 50% de aforo, ahora se venga con llantos, lloros y lamentos por parte de Ramón Valencia cuando se le ofrece ampliar, y vender más localidades. Esa queja roza lo obsceno y desagradecido, defendiéndose en base al ataque a otro empresario que sí ha hecho las cosas bien en Córdoba y Málaga. Pero también es ridículo, ya que alegaba perder tardes de “No hay billetes”. ¿De verdad hay que seguir dando mérito a ese cartel mientras haya aforos reducidos? Si quieren más demanda, que mejoren la oferta.

Con todo y con eso, no tuvo suficiente. Para colmo, avisaba de que a partir de ahora las ferias serán con un menor número de festejos. Esperemos, por el bien de la afición sevillana, que la Maestranza cambie de empresa y se recupere el buen devenir. “Si Las Ventas es la catedral, la Maestranza es La Meca” dijo Morante un día. Pues eso, hay que darle la categoría que merece a esta plaza.

Y a pesar de tanta traba y sopor, Sevilla abrirá las puertas y volverá a vibrar con el silencio autóctono que la hace única. Porque existe una afición incondicional a la que se le debe todo. Los que pagan, y los que a la vez son perjudicados. Sea por el bien de la Fiesta y que la casta, la bravura y la integridad triunfen en esta atípica y expectante feria.

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