Novillos de Rocío de la Cámara en Sevilla: hecatombe ganadera

 

Foto: Arjona

Tardes que restan pero que a la vez ponen en valor la actitud de unos chavales que quieren conseguir la inmortalidad. 6 mansos 6, pitados en el arrastre, poniendo contra las cuerdas las femorales de todo lo que se cruzara por delante. Novillada desigual, mal presentada, descastada y áspera. Calerito, meritorio y templado; Diosleguarde, pese a su gran capacidad, debe tener más verdad; Jorge Martínez, valiente y firme, con mucha vergüenza.

Precioso era el primer novillo, Alba N.º 53, sardo de capa y abanto de salida, como el resto del encierro. Reservón y justito acometía con genio en los capotes. Manseó tras recibir la primera vara y adquirió sentido en banderillas. Muy firme estuvo Calerito, bajando la mano y castigando al manso que apuntaba a rajarse. Meritorias tandas extrajo al soso novillo, que no puso nada. Pinchazo y estocada que hace guardia. Descabello. Palmas.

Mal presentado estaba Brasileño N.º 61, que prendió dos veces a Jorge Martínez cuando le tocaba quitar. Inicio estoico en la muleta de Diosleguarde, mientras el novillete buscaba dar tabaco. Aseado estuvo Manuel, trazando limpiamente, pero debió cruzarse para sacar más rienda a las embestidas de la res, que acabó llevando al espada a sus terrenos de manso. Pinchazo y estocada. Palmas.

Ya adquirió sentido en los capotes Patatero N.º 73, manso de libro tras la primera vara. Agarrado al piso estuvo en la firme muleta de Jorge Martínez, que con buena colocación y quietud aguantó los topetazos del inútil novillo. Fue prendido sin consecuencias. Dos pinchazos hondos y descabellos. Palmas.

Otro novillo de débil presencia fue Atónito N.º 74, recibido a porta gayola por Calerito, que continuó inteligentemente por chicuelinas para encender al público. Horriblemente picado por Diego Cotán, el manso adquiría sentido conforme transcurría la lidia. Y prendió al novillero a la primera de cambio. Con mucho mérito y valor, lo hizo pasar por la derecha hasta lograr colocarse como mandan los cánones y dar una magnífica tanda de derechazos. Tuvo que hacer más al astado, que era tardo, por el pitón izquierdo, pero igualmente estuvo bien. Cerró con otra buena tanda por el derecho y unos detalles toreros hasta llevarlo a la suerte suprema, donde dio media estocada de colocación no muy ortodoxa. Descabello tras aviso. Vuelta al ruedo tras petición (firme el presidente que, por fortuna, no concede el premio tras el desacertado espadazo).

Justo de fuerzas y quedado era Silbador N.º 43, también mal presentado. Un novillo desrazado que no decía nada allá por donde pasara. Brindó al público Diosleguarde, que se sirvió de una distancia no muy torera frente al descastado y soso novillo. Encimista y atosigante, alargó faena. Aquello aburría. Pinchazo y estocada. Silencio.

Cerró plaza otro mal presentado novillo, Moranco N.º 46, que acometía con cierta fiereza, pero también cantó la gallina pronto. Llevó al hule al rehiletero Juan Rojas. Manso y geniudo, buscaba los adentros derrotando con la cara alta. Y allí se puso Jorge Martínez, colocando la femoral donde otros no dejarían ni el pico de la muleta. Lo intentó por ambos pitones, mientras la plaza observaba con congoja, pero el animal no pasaba. Macheteó de oreja a oreja con buen criterio, y se fue a por la espada para dar solución a tal marrajo. Estocada caída y descabellos. Silencio.

Por Pablo Pineda

Comentarios