Juli, Manzanares y Ureña cortan una oreja por coleta en la undécima de abono

 


Los toreros sacaron partido a una corrida de Hnos García Jiménez que tuvo toros destacados 

Los tres espadas que componían el cartel de este 11º festejo de abono estuvieron a buen nivel y lograron triunfar. El Juli, Manzanares y Paco Ureña cortaron una oreja por coleta en la corrida de la casa Matilla, que tuvo toros con posibilidades. Pero por encima de esto, hay que destacar el buen hacer de los tres toreros, que se emplearon para conseguir la meta del triunfo en Sevilla.


FICHA:


Se lidiaron toros de Hnos. García Jiménez -el segundo con el hierro de Olga Jiménez-, de juego variado. El primero fue ovacionado en el arrastre, el segundo fue un manso que se dejó y el quinto, un toro mansito con gran clase.


El Juli, oreja y silencio.

Manzanares, ovación y oreja 

Paco Ureña, silencio y oreja


Tres cuartos de entrada. 


En cuadrillas destacó el picador Óscar Bernal, que fue muy ovacionado.


COMENTARIO:


El Juli se mostró poderoso con el capote en el toro que abrió plaza, bajándole las manos y sometiéndolo desde el primer momento. Hizo un quite por chicuelinas y el toro fue cuidado en el caballo. Comenzó la faena con bonitos doblones por ambos pitones. Cuando toreó en redondo, sometió en la primera serie y en la segunda se gustó más, haciendo sonar la música. Por el izquierdo, el toro le hizo un extraño pero El Juli consiguió meterlo y dio dos series estimables. Volvió a la derecha para dejar una última serie limpia y sometedora que redondeó una faena de triunfo. Mató de estocada atravesada y cortó una oreja.

Juli no se pudo lucir de capa de salida en el cuarto, pero sí para colocar al toro en el caballo con dos verónicas y media. Este fue otro toro al que le costó embestir. El Juli se lo llevó a los medios y le dio todas las ventajas, pero el animal perdía los cuartos delanteros y deslucía los intentos del torero. No cabía lucimiento sino más bien abreviar. En consecuencia, El Juli no pudo aumentar su triunfo.


El segundo de la tarde salió corretón y huidizo y no embistió al capote de Manzanares. Huyó de los caballos tras los dos puyazos que recibió. Ureña hizo un quite por gaoneras y el toro siguió suelto en banderillas. Manzanares no anduvo con probaturas y lo metió rápidamente en la muleta por el izquierdo, por donde dio dos series entonadas. Por la derecha ligó dejando la muleta puesta y aguantando una mirada intimidante del toro. Volvió a la zurda para llevarlo largo en naturales antes de que el animal acusara la querencia a tablas. La espada no le funcionó en este toro.  


El quinto fue protestado por su flojedad en los cuartos traseros y el presidente lo mantuvo en el ruedo a pesar de los ánimos estaban alterados. Manzanares le dio tiempos y todas las ventajas con la muleta y logró mantenerlo y meterlo, dando dos series diestras de mucho mérito en las que llevó largo y ligado al de Matilla. Sonó la música y por el lado izquierdo el toro bajó, pero aún así le sacó un par de naturales lentos aprovechando la enorme calidad del de Matilla. La pena fue que avanzada la faena el toro se echó agotado y rompió el hilo. Manzanares lo solucionó con la espada, mostrándose como un cañón en la suerte de recibir.


Paco Ureña se lució a la verónica con el tercero de la tarde, rematando con media. El toro acudió bien a los dos puyazos y fue buen picado por Oscar Bernal, que fue fuertemente ovacionado. Ureña hizo un quite por delantales rematando con media. Comenzó la faena con muletazos por alto y el toro se desinfló pronto cuando quiso torear en redondo. Estuvo limitado Ureña por esta condición y aunque lo intentó, el público le pidió brevedad ante un astado sin posibilidades. Estocada. 

El sexto manseó en los primeros tercios, sin emplearse en ningún momento y poniendo en aprieto a los banderilleros. En la muleta mantuvo esa mala condición, yendo siempre a la caza. Ureña no pudo darle ni un muletazo en la primera mitad de la faena dado el peligro que desarrolló este último de la tarde. Cuando se fue a por la espada probó por última vez con la zurda y el toro había cambiado. Aun manteniendo su peligro, permitió al torero de Lorca arrancarle un buen puñado de muletazos en los que se jugó literalmente la vida. Sevilla es sensible a este nivel de entrega y reconoció el mérito enorme del torero y su esfuerzo con una oreja. La verdad y la entrega de Ureña pusieron un buen colofón a una tarde que tuvo contenidos interesantes.

Comentarios