Emilio de Justo se confirma a falta de aceros. Ferrera, el que nos gusta a todos

 


Algo más de expectación y entrada hubo en la victorinada del ciclo sevillano. Runrún por las calles y dudas provocaba el cielo, pero todo ello quedó en una anécdota y la corrida transcurrió sin problemas.

Corrida seria (salvo el tercero), fina, mansa y peligrosa. Bravo fue el cierra plaza. Con los trastos se enfrentaban dos clásicos que ya se conocen las caras: Antonio Ferrera (grana y oro), que dejó claro Su poco cuando torea canónicamente, y Emilio de Justo (nazareno y oro) , que vino a darlo todo y Confirmar el toreo que contiene en sus manos. Destacó la blandeza del público, pues cada vez es más fácil destocarse en La Maestranza.

Abre la plaza Mosquero 114, serio y fino, bien lidiado por Ferrera. Se dejó pegar el manso en varas, y a posteriori Joao Ferreira y Fernando Sánchez enseñaron lo que es el arte de poner los palos. Saludaron ambos, quizá los únicos que realmente lo merecieron. En la franela, el toro acometía buscando los tobillos de Ferrera, justo de fuerzas. Mandó Ferrera la situación y se hizo con él, inventándose completamente la faena y lidiando con torería y temple al peligroso astado. Estocada casi entera en buen sitio. Ovación con saludo.

Partida la cuerna de Bochorno 32 al salir, tuvo que salir el sobrero Verdadero 53, de seria lámina. Recibió por verónicas Emilio dejando claro que aquello sería una gran tarde. No hizo gran esfuerzo en varas el cárdeno, y en las banderillas comenzó a mansear. Empieza a llover en Sevilla y el extremeño se saca a la res vía temple con doblones por bajo. Descastado era el toro, y firme estuvo el torero tirando de él por el derecho, sin enganchar e imponiéndose. Por el izquierdo, lo intentó, pero no pasaba. Pinchazo y estocada. Ovación con saludo.

Abanto y por debajo del nivel de la plaza era Pobrecito 97, que manseaba en varas y con buen criterio se movió el caballo. Fernando Sánchez, muy torero de nuevo ante el marrajo. Fue una papeleta para Ferrera, pues no tenía medio lance. Pese a ello, se impuso y dominó en redondo. Insistió honradamente, pero le dio lo que merecía, un macheteo de oreja a oreja para dejarle claro que el ruedo era suyo. Tres cuartos de espada en un bajonazo. Silencio. Pitos al toro. Se dobló con la seda Emilio de Justo frente a Portezolano 51, un toro manso pero con cierta casta y movilidad. Saludó Morenito de Arles en las banderillas. El caso es que, el toro tomaba bien los vuelosde los capotes y apretaba. Tuvo que tomarse la licencia de exhibir ciertos recursos Emilio de Justo en el principio de faena, algo más acelerada y hacia afuera. Una vez consiguió domeñar al astado,

se puso a torear. Torear, en el sentido literal de la palabra. No todas las tardes se ve torear, y Emilio de Justo bordó el toreo. Puro y limpio al natural, y por derecho. Sevilla rugió ante la emocionante faena. Acabó con naturales por el derecho. Estocada. Dos orejas (quizá algo excesivas, puede que se premiase la labor de la primera faena. Se diría que esta era de “oreja y media”).

Reservón de salida Garañuelo 06, también serio. Tuvo que torear el del castoreño para que acudiese al bayo, donde se excedió con la puya. De nuevo, se destocan los rehileteros Montoliú y Fernando

Sánchez. Cansino. Brinda al público Ferrera y lo saca a los medios, donde el cornúpeta aprieta. Logró, con buena colocación, tandas por los dos pitones. Vertical y reposado, metió en la muleta al mansurrón. Toreo sin la ayuda como epílogo. Este es el Ferrera que gusta, el de siempre. Cuajando s sus tres difíciles y diferentes toros y dejando claro que lo deja todo en el ruedo, sin memeces.

Media estocada arriba. Vuelta al ruedo tras petición (con la vara de medir del anterior toro, debió ser concedida).

Una lámina, corniveleto el cierraplaza Bohemio 57, bien recibido y lidiado. Quitó Ferrera tras apretar en varas, y respondió por chicuelinas Emilio de Justo. Bravo también en palos, bajo el mando de la capa de Morenito de Arles, El Algabeño y Ángel Gómez saludaron (el colmo). Tenía el toro Emilio. Y lo cuajó. Bien colocado y con hondura por el izquierdo, a pies juntos y dominando. Por el derecho, más de lo mismo. El toro claudicó ante tal dominio. Emilio tenía la Puerta del Príncipe casi abierta, pero… el acero, su punto fuerte, falló. Metisaca y traserazo. Hizo la débil Sevilla su petición, pero, esta vez con buen criterio, aguantó el presidente. Todo quedó en una fuerte ovación y salida a hombros por la calle Iris.

Por Pablo Pineda

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