Especial Céret

 


Símbolo de la resistencia catalana y torista, la pequeña localidad francesa de Céret supone hoy día un pequeño oasis para todos aquellos aficionados que se encuentran en el desierto de la decadencia taurina.

De gran tradición taurómaca, llegó a contar este pequeño municipio de algo menos de ocho mil habitantes, con tres plazas de toros allá por el siglo XIX, siendo a finales del mismo, en 1894, cuando se celebró la primera corrida a la española. -Corrida que, como anécdota, derivó en una multa de 1 franco para los organizadores del festejo, que a pesar de que la ley no les amparaba, quisieron que los tres toreros españoles que formaban la terna, estoquearan los toros.-


Ya en 1922 se inaugura la que es la actual Plaza de Toros de Céret, conocida más comúnmente como Lès Arenes Céret, que cuenta con un aforo de alrededor de 4000 localidades. Pero no es hasta 1988, año en que toma forma la ADAC (Association des aficionados Cérétans), que la feria que cada año se celebra a mediados de julio, adquiere una identidad propia. Torismo y catalanismo, como símbolos de resistencia. -Obviando cualquier ayuda pública, los socios fundadores de la ADAC dieron forma a este proyecto aportando 10.000 francos suizos que servirían para dar forma a la primera feria. A partir de entonces, autogestión y una vida dedicada al toro, de los aproximadamente 30 socios que la componen en la actualidad-.


El sentimiento catalán, tan arraigado en pequeños municipios cercanos a la frontera española, aflora de forma especial el fin de semana en que el pueblo celebra espectáculos taurinos. La plaza, que luce orgullosa un sinfín de 'senyeras', queda presidida por un gran cartel que reza 'Catalans i aficionados'. Los areneros visten de payeses (campesinos catalanes) y lucen la característica barretina (gorro catalán) en su cabeza. Al romper el paseíllo, lo hace también 'Els Segadors' (himno oficial catalán). Por último y para rematar la tarde, suenan siempre, antes del último toro, los compases de 'La Santa Espina', no sin antes haber escuchado, en algún momento de la tarde, 'L'Estaca', el himno de libertad que compuso Lluis Llach en 1968.


A la par en sentimientos debe estar divido el corazón de los "cérétans", mitad catalán y mitad torista. Pues si algo destaca en esta localidad, además del rojo y amarillo de las senyeras, es el toro bravo. El de verdad. Innegociable por tanto que las reses que desembarcan en Céret estén bien presentadas y por supuesto limpias de pitones. -Se encarga la ADAC de realizar y hacer público un análisis de pitones cada año, a la finalización de la feria-.

Huyendo siempre de la sangre Domecq, la ADAC brinda la oportunidad de acartelarse a aquellas ganaderías de encastes minoritarios, reseñando siempre las mismas antes que los toreros, a quienes posteriormente se les ofrece la corrida. Un toro en tipo, acorde a las hechuras que se le presuponen a los de su sangre, y que exige una lidia completa de principio a fin que el aficionado asistente, pues por allí no frecuenta el público, sabe interpretar a la perfección.

Destacada importancia toma el tercio de varas y por supuesto la exigencia de un público que admira el toreo clásico y protesta la falta de verdad. -Primas de 200 euros reciben los picadores que acuden a la plaza cada tarde. Cualquier práctica irregular durante la lidia, les hace perderlas. Además, la ADAC presta especial atención a la forma en que se monta la puya: La cara plana debe estar arriba cuando se monte el palo, de esta forma se reducen los daños ocasionados al toro. Por último, diversas peñas conceden premios de hasta tres cifras, a la buena labor de los del castoreño.-


La lidia en todo su esplendor, el toro, la identidad de un pueblo, el sentimiento por la que consideran su fiesta y la que consideran su tierra. Todo eso representa una corrida de toros en Céret, donde tendremos el placer de acudir este año.



Daniel de la Morena (Andanada del 12)

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