La división, por montera

 


Vaya por delante que quien les escribe no es más que un joven aficionado a la tauromaquia, que se adentró en ella gracias a la admiración que le causaba San Fermín, que se sintió parte de ella por culpa del festejo popular y que quedó prendado del festejo mayor cuando se detuvo a entenderlo. Les escribe, en definitiva, alguien que no entiende de complejos a la hora de quien hace qué, y que esta tremendamente aburrido de ver como día tras día tratamos de autodestruirnos.

Escribía hace unos meses sobre la que fue la primera piedra del "animalismo", el Toro de la Vega. Aquel festejo que dejamos ir porque no iba con muchos de nosotros, por el mero hecho de que no lo entendíamos, o que nos parecía una forma de maltrato, porque como en el festejo mayor el animal no sufre... pues bien, hoy me gustaría hacerlo, ya que se ha relajado la situación, sobre la suerte de la sabeta. Esa que a muchos nos ha costado entender por romper con muchos de los principios que consideramos básicos en la tauromaquia, pero que puede, sin ninguna duda, suponer una segunda piedra. Una piedra que en este caso pondríamos nosotros mismos y que supondría terminar con una suerte que lleva años y años practicándose. Los que pedimos libertad estamos tratando de suprimir parte de nuestra fiesta. Esta piedra es más dura y más grande que cualquiera de las que se hayan puesto antes y sin duda marca un precedente para las que puedan ponerse de ahora en adelante. Esta piedra nos la ponemos nosotros mismos y eso, es difícil de entender.

Tampoco entenderé el nerviosismo que corre por los callejones del festejo mayor por el auge del festejo popular. Con lo positivo que debería ver un aficionado a la tauromaquia que puedan celebrarse festejos, independientemente de si estos nos gustan más o menos, de que se reactive la economía del toro, de que los ganaderos puedan volver a respirar.

En este ambiente hostil , he oído hablar incluso de que el festejo popular es "la caverna" de la tauromaquia. Pues bien, a semejante "taurino" no le falta razón, pero no por el sentido que quiso darle a la palabra, sino a todo aquello que le debemos los taurinos a nuestros orígenes, el toro en la calle, con motivo de entretenimiento, burla y por supuesto honor.

También he escuchado sandeces por parte de muchos recortadores. Una vez más, las formas nos han colocado en el lugar en que merecemos. Una lástima. Al igual que nos ha clasificado de antitaurinos (al menos en mi forma de entender dicha palabra) el tratar al festejo popular como un festejo más puro, con menos sufrimiento y con una variedad de suertes menos crueles. Como si no entendiésemos el festejo mayor, como si no lo valorásemos, como si debiésemos competir con el.

Por ello, me gustaría pedirnos a todos nosotros, que por favor, y ya que por desgracia, o por suerte, no existe un tauromaquia acoplada a cada uno de los que formamos parte de ella, comencemos a acoplarnos y defender la que tenemos. La que incluye al festejo mayor y al popular, la que necesita de lo mejor de ambos y la que, a pesar de que a muchos se les antoje y de tantas cosas que tenga por mejorar, es una de las cosas más bonitas que tenemos en nuestro país.


Daniel de la Morena



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