A veces no, pero ¡AY CUÁNDO SÍ!

 



Le cambió la cara el quinto de la tarde. Se había justificado con el primero y andado firme con el tercero, pero ¡Ay como respondió el quinto!

Se lidiaban seis de Jandilla y Vegahermosa y Jose Antonio "Morante de la Puebla" ponía a disposición de Juan Ortega su condición de figura del toreo. Hay que ser muy valiente para acartelarse mano a mano con alguien como Morante, pero hay que ser mucho más para hacerlo con un torero emergente. 

Y aquí se resume la tauromaquia. En los naturales de Ortega a su primero, en los ayudados por alto de Morante al quinto, en las verónicas del sevillano al sexto y en las medias del de la Puebla. Hubo competencia, pero había arte a raudales. Se arreó cuando hubo que hacerlo, pero cuando llegó el quinto se paró el tiempo en la plaza de toros de Córdoba y el que parecía que solo podía perder, volvió a ganar. Se marchó por la puerta de atrás, sonriente, en boca de todos (para bien) y sin orejas. Valoren ustedes.

Morante sonrió, formó el lío y dejó las cosas como estaban.

 -Volverá Ortega a enamorar al aficionado pos sus condiciones y naturalidad. Y volverá Morante a fallar, para volver a enamorar.-

Lección no solo de toreo, sino de vida. Como la que nos ha brindado Garzón, una tarde más este año, devolviendo la tauromaquia a una plaza de primera.

P.D. Hay que ser muy valiente también para ser Borja Domecq. No cualquiera pone sus toros en el cartel de hoy. Fallaron, pero volverán.


Daniel de la Morena


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