¿Quién fue Ignacio Sánchez Mejías?





Nació en Sevilla, en el seno de una familia acomodada, donde su padre ejercía de médico. Se escapó de casa siendo un adolescente en busca de aventuras, viajando como polizón en un barco que se dirigía a México. Ese afán aventurero le hizo abrazar la profesión taurina.

En la década de 1910 formó parte de la cuadrilla de José Gómez «Joselito», su amigo de la infancia, con el que había emparentado en 1915 al casarse con una hermana del gran diestro sevillano. En los tres años siguientes se consagró en la cuadrilla de Joselito como el mejor banderillero español, con permiso de su cuñado Joselito, excepcional rehiletero. Los historiadores taurinos coinciden en señalar que la técnica de Joselito es la más perfecta que se ha conocido y el mejor torero de la vieja escuela. Y en esa escuela se formó, como matador de toros, Ignacio Sánchez Mejías.

En 1919 tomó la alternativa en Barcelona de manos de Joselito y con Juan Belmonte de testigo. La confirmó en Madrid al año siguiente. En 1920, alternando en un mano a mano con Joselito en Talavera de la Reina, fue testigo de la muerte de su cuñado en una cogida del toro Bailaor.

El éxito de su toreo no se basó en su técnica o en su estilo, y menos compitiendo con los considerados como mejores toreros de la historia (Joselito y Belmonte), sino sobre todo por sus alardes temerarios: toreos de rodillas, recibir sentado en el estribo, banderillas por los adentros, etc. A mediados de la década de 1920, siendo figura del toreo, se cansó de los toros, se retiró y se dedicó a otras actividades. Extraordinariamente polifacético, Sánchez Mejías fue también actor de cine, jugador de polo, automovilista y escritor de obras de teatro.

En el curso 1928-1929 se matriculó en el Instituto de Educación Secundaria «La Rábida» de Huelva, con treinta y ocho años de edad, para terminar los estudios de Grado de Bachiller. El 25 de mayo de 1928 fue elegido 12º presidente del Real Betis Balompié, permaneciendo en el cargo hasta el 2 de septiembre de 1929. También tuvo un papel importante como mecenas de lo que luego se conocería como Generación del 27, algunos de cuyos miembros eran verdaderos aficionados a la tauromaquia y expertos taurinos. La primera vez que se reunieron sus componentes (Federico García Lorca, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Luis Cernuda, entre otros), encuentro celebrado en el Ateneo de Sevilla en 1927 y que dio nombre a la generación, fue por iniciativa de Sánchez Mejías para conmemorar el 300 aniversario de la muerte de Góngora.

En 1934, Sánchez Mejías decidió reaparecer en las plazas a la vez que Juan Belmonte. El 11 de agosto, sustituyó a Domingo Ortega en Manzanares (Ciudad Real); el toro de nombre Granadino, pequeño, manso y astifino, le dio una gran cornada en el muslo derecho al iniciar la faena de muleta sentado en el estribo, uno de los arriesgados lances que practicaba a menudo. No permitió que lo operaran en la modesta enfermería de Manzanares, donde el médico local Fidel Cascón Arroyo se ofreció para intervenirlo, y pidió volver a Madrid, pero la ambulancia tardó varias horas en llegar. A los dos días se declaró la gangrena. Murió en la mañana del día 13 de agosto.

Al morir Sánchez Mejías, su figura fue ensalzada por Miguel Hernández, Rafael Alberti –que hizo el paseíllo en su cuadrilla– y otros poetas de la Generación del 27, incluido García Lorca, cuyo Llanto por Ignacio Sánchez Mejías es para muchos la mejor elegía en español desde las Coplas de Jorge Manrique.

El escultor valenciano Mariano Benlliure lo incluyó entre las figuras que portan el ataúd de Joselito «El Gallo», en el mausoleo que puede contemplarse en el cementerio de San Fernando de Sevilla desde 1926. Curiosamente, Ignacio Sánchez Mejías reposa junto a dicha obra monumental.

Sánchez Mejías tiene un colegio de Educación Primaria con su nombre, el C.E.I.P. Ignacio Sánchez Mejías, situado en Sevilla, además de contar con una calle en la Real de la Feria de Sevilla.

En 2008, la productora La Claqueta Metálica estrenó el documental Ignacio Sánchez Mejías. Más allá del toreo, dirigido por José Francisco Ortuño, que se centra en la figura del torero, pero acercándose sobre todo a sus múltiples facetas como personaje polifacético: dramaturgo, piloto aéreo, jugador de polo, presidente de la Cruz Roja y del Real Betis Balompié.

En 2018 se inauguró en Manzanares un museo en su memoria.








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