Adiós, Dólar





Adiós Dólar. Fíjate la que tienes formada: todos hablan de ti. Fíjate si has sido grande...

Hoy quiero agradeceros a todos los mensajes de cariño y el apoyo que me habéis hecho llegar. Gracias por hacerme saber que estáis ahí y que lo sentéis en el alma como yo.

Al verme llorar todo el día, mis hijos, Diego y Jaime, me hicieron este dibujo en el que estamos tú y yo, Dólar, junto a un gran corazón. Es el símbolo de lo que ellos saben bien aunque aún sean pequeños: que cuando os marcháis alguno de vosotros, mis caballos, se va también una parte de mí.

¿Te acuerdas cuando te vi torear la que apenas era tu segunda becerra? Eras un crío, un potrito, y mi hermano Rui Fernándes nos puso en el camino… Y enseguida le dije que lo había visto, que lo vi claro, que lo adiviné en tus condiciones: que serías capaz de llegar a torear sin cabezada como tantas veces había imaginado y soñado hacer cuando me perdía en las locuras que me alimentan en el alma buscando siempre cómo ir un poco más allá, cómo demostrarme que se puede ir un poco más allá. Lo vi enseguida. Sabía que eras especial y que tenías algo para realizar esa suerte diferente y como nunca antes se había hecho…

¿Te acuerdas aún en tu primer año que ya hacíamos esa suerte cuando nos decían que si llevabas el cable, sin saber quienes nos criticaban que eso era necesario para que adquirieras el sitio donde torear sin la cabezada y no veían que lo importante es que ya toreabas como el mejor pero sin ella? ¿Te acuerdas cuando, al evolucionar y perfeccionar la suerte, incluso desprendido ya del cable, nos decían que aquello estaba ya inventado? Como si antes algún caballo hubiese toreado como tú, sin cabezada, galopando con rectitud, parando en la cara, cargando la suerte y clavando arriba. ¿Cuándo antes un caballo hizo como hiciste tú los alardes de doma como el passage, el piaffe y parar a raya con el toro al lado? Pero es que la vida es así, Dólar, a los grandes como tú siempre, se les intenta quitar importancia. Le pasó a Camarón de la Isla y, transcurrido el tiempo, nadie le ha igualado, sigue siendo el número uno.

Solo te pido una cosa donde estés, Dólar, y es que me sigas dando esa misma fuerza que entonces para seguir luchando y ganando batallas… Quedan muchas por librar. Por ejemplo, la de aquellos políticos que nos ignoran, ningunean y faltan el respeto a la dignidad de nuestro arte y nuestra profesión, que son nuestra vida, y también la de tantos empresarios, ganaderos y compañeros, que se olvidan, Dólar, de a quién nos debemos, que es al público que nos espera y a la cultura de la que formamos parte. Sin ellos, no seríamos nada, querido amigo. Ahora te toca a ti darme fuerzas y guiarme para no rendirme y seguir adelante combatiendo de igual manera a quienes, en nombre de un falso animalismo, quieren acabar con la Tauromaquia y con el toro bravo como especie. Como si el verdadero animalismo no fuera compartir la vida que nosotros nos hemos dado mutuamente y crear y regalarle a la gente caballos únicos como tú, que tanta felicidad les has dado…

Ya estás en el olimpo de los más grandes, compañero, en el lugar que te corresponde. Aquí dejas mi soledad otra vez a la que no me acostumbro, las lágrimas de tantos niños cuyos padres me han escrito para contarme que eras su ídolo y el recuerdo por siempre de quienes te disfrutaron como lo que has sido: uno de los mejores caballos de todos los tiempos.

Diego Ventura








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