"Manada de toros junto a un río, al pie de un castillo" - Genaro Pérez Villaamil y Duguet






"Manada de toros junto a un río, al pie de un castillo". Genaro Pérez Villaamil y Duguet (1837)
Óleo sobre lienzo, 91 x 115 cm.

Junto al remanso de un río de aguas tranquilas pace una torada, custodiada de cerca por sus mayorales, que descansan en la orilla. En la ribera pueden verse detrás dos barcazas repletas de lugareños que se disponen a atravesar el cauce, cargándose en la más cercana sacos de mercancía -quizá contrabando- que portan a lomos de dos burros, junto a una hacienda en ruinas. Tras la frondosa arboleda que jalona el curso del río se yergue un monte, en cuya cima se levanta una imponente fortaleza, a la que se accede por una empinada escalinata que termina en una enorme puerta con un arco de medio punto. La fortificación está cuajada de construcciones, torres y almenas, que recortan su monumental silueta sobre un celaje rasgado de nubes, en el que se diluyen los perfiles del horizonte montañoso que se pierde a lo lejos.

En su aparente sencillez, este cuadro resume con un sereno equilibrio los aspectos esenciales que convierten a Genaro Pérez Villaamil en el gran maestro del paisaje romántico español. Villaamil formó su personalidad como paisajista bajo la directa influencia del maestro inglés David Roberts (1796-1864), a quien conoció en una de sus visitas a España y de quien aprendió el gusto por la interpretación fantástica y grandiosa de los edificios monumentales, la sugerente atracción romántica por las ruinas medievales, la intensidad poética de los efectos de luz y la interpretación poderosa y a veces sobrecogedora de los elementos naturales, introduciendo así en España esta nueva visión romántica del paisaje, en pleno auge por esos años en toda Europa, donde había surgido precisamente una irresistible atracción por el exotismo de la espagnolade. En efecto, los vestigios monumentales e históricos del pasado español y el pintoresquismo de sus costumbres atrajeron a numerosos artistas y escritores viajeros europeos, que resaltaron los aspectos más pintorescos y folclóricos del país, que tendrían igualmente enorme eco en la pintura española. Gracias a sus excepcionales dotes para el dibujo y a un especial instinto para la composición, Pérez Villaamil cuajó en este nuevo lenguaje su personalidad como paisajista, dedicando fundamentalmente su carrera a la pintura de interiores y exteriores de monumentos, vistas de ciudades reales o inventadas repletas de vestigios históricos y paisajes fantásticos de un extraordinario atractivo que, elaborados pacientemente en su estudio -muchos de ellos a partir de espléndidos apuntes dibujados del natural-, le granjearon enorme fama en su tiempo.

La presencia de la espectacular fortaleza coronando el horizonte como protagonista suprema del paisaje, ubicada en un agreste y recóndito paraje natural y envuelta en una dorada atmósfera crepuscular, que alarga las sombras de los toros en el suelo, completa el indiscutible encanto de esta pintura, elaborada con los ingredientes más pintorescos y evocadores del género. A pesar de la sobriedad de su composición, el paisaje está resuelto con la técnica más exquisita de Villaamil, a base de un dibujo detenido y atento que describe con precisión las reses en sus distintos pelajes, así como los vibrantes matices y contraluces de las hojas del cuajado follaje de los árboles y, sobre todo, las trazas de las arquitecturas, en las que este maestro demuestra su extraordinaria capacidad inventiva, que es capaz de recrear inspiradas construcciones medievales totalmente fantaseadas, de un irresistible atractivo, a partir de recuerdos de edificios reales. Junto a ello, el cuadro es también buena muestra de la interpretación que Villaamil hace del paisaje natural, utilizando en esta ocasión una gama especialmente contenida, que transita hacia los últimos planos en matizadas transparencias, de las que este artista fue maestro, especialmente visibles en las brumosas lejanías de las montañas, resueltas con un refinamiento sutil (Texto extractado de Díez, J. L.: El siglo XIX en el Prado. Museo Nacional del Prado, 2007, pp. 132-134).

Fuente: Museo del Prado








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