La ola del desprecio cada vez más fuerte


Nadie puede negar la situación comprometida en la que va a moverse la actividad taurina, como negocio, ocupación, trabajo y espectáculo en una temporada que arranca en breves fechas en España. A la fiesta la han atacado y la seguirán atacando hasta terminar con ella, salvo que la unión, unidad e integridad de todos cuantos intervienen en ella demuestren con obras y no solo con palabras su dedicación más absoluta a la misma y a su integridad.

Ya están los fríos de San Blas por las tierras madrileñas de Ajalvir con los toros en pelo de invierno y espectadores en el tendido arropados con mantas, gorros y bufandas a punto de echar a andar un año más, como siempre fue por el coqueto pueblo madrileño que lanza el pistoletazo del comienzo de la carrera taurina española.

En estos tiempos , muchos pueblos, localidades donde una peña taurina, un grupo animado y animoso se divierte con el toro bravo, sueltan por sus calles toros de la más variada condición. La llamada atrae como imán a muchos jóvenes, chicos y chicas, que ríen, se emocionan, recortan, burlan y llaman a los toros. Bien está y merecedor de apoyo singular por parte de quienes tienen la posibilidad de contar al resto el suceso, el acontecimiento, el festejo en sí y su desarrollo.

También a los que van al coso taurino a emocionarse con un torero y su manera de conjugar una armoniosa y plástica composición de estética, riesgo y valor emocionado. Por eso cuando, los intolerantes, vociferantes, locos, ingenieros de la imposición y de almas, entran a discutir la fiesta de toros, obligando al resto a eliminarla de sus vidas, es el momento preciso de auparla aún más, de amarla, respetarla, dignificarla y promocionarla hasta el extremo.

Fuente:  Federación Taurina de Valladolid

La ola del desprecio por la fiesta de toros se arraiga como parásito al huésped, sanguijuela chupadora de sangre y recursos, que hacen de su protesta una profesión más que remunerada por intereses espurios.

Francia ya ha contrarrestado de alguna forma los abusos que, basándose en la libertad de expresión, mal entendida, obliga a otros grupos si no se pliegan a sus deseos, a cambiar el hábito, modificar su conducta y prohibir una actividad legítima, honrosa, singular, como es el caso de la Fiesta de toros.
Los taurinos deben estar con el ojo abierto, sin descanso, sin cortapisas, ni luchas inútiles entre ellos.
Y así debe ser, lo es, porque ha llegado, el momento de la verdad.

Empieza una temporada con la incertidumbre en el horizonte, en la que  nunca debemos perder ni la esperanza ni el ánimo.









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