“Nunca he dicho no a Madrid”


Manuel Jesús Cid Salas, conocido como “El Cid” se despide esta Feria de Otoño de los ruedos. Será su última tarde ante una afición que se ha emocionado con su toreo en repetidas ocasiones. El torero de Salteras (Sevilla) se crió en una familia humilde y trabajadora en la que todos ayudaban en el negocio familiar de envases de leche. Cogió la afición taurina de su padre y aunque su hermano también quiso ser torero, Manuel Jesús tomó la delantera y con gran sacrificio y sin contactos en la profesión se ganó un sitio dejando un nombre propio en el toreo de las dos últimas décadas. Torero de Madrid, tomó la alternativa en Las Ventas, y de tantas otras plazas de nuestra geografía. Tardes de ensueño en nuestra plaza, también tardes en las que él reconoce que no estuvo a la altura de Madrid pero siempre dando la cara con respeto y admiración a la afición venteña. El día 4 de octubre trenzará su último paseíllo en Madrid y hay que devolverle esa entrega que siempre dejó en la plaza. Lo más difícil para un artista, para un torero, es transmitir emociones y hacer sentir, y Manuel Jesús El Cid lo ha conseguido en numerosas tardes.


20 temporadas completas, 20 años seguidos toreando en Madrid sin pausa, ¿guardas en tu memoria todos los paseíllos en Las Ventas?


Madre mía, ahora que me lo dices no ha pasado un año sin estar en Madrid. Son recuerdos muy bonitos y muy buenos. Ha sido la plaza más importante de mi carrera, la plaza que me lanzó, la que me consagró y además de estar anunciado estas 20 temporadas en Madrid lo he hecho en repetidas ocasiones varias de las temporadas. Me ha marcado en mi vida profesional muchísimo.


Por circunstancias de cada torero, hay veces que quizás por estrategia, muchos dicen no a una Feria de Otoño, a determinada ganadería… ¿Alguna vez has dicho no a venir a Madrid?


Nunca, de verdad te lo digo, nunca he dicho no a Madrid. En determinada temporada he llegado incluso a venir cinco veces a Las Ventas cuando podía haber toreado dos y tan tranquilo pero me lo ofrecían y yo encantado. Algunas veces salían bien las tardes, otras no pero siempre he dado la cara en Madrid y he dado lo que he podido en cada momento. No solamente nunca he dicho que no a venir a Madrid, sino que nunca he puesto pegas a ningún cartel y a ninguna corrida. He matado todo tipo de hierros y yo creo que casi todos los años han contado conmigo en la corrida de Victorino cuando podía haber elegido otro hierro. Madrid me ha merecido un respeto máximo, la plaza necesaria para todos los toreros y para que llegue el triunfo, hay que estar ahí.


Tu mejor y tu peor momento en esta plaza.


Mis mejores momentos fueron los años 2004-2007, fueron los años que marcaron mi carrera taurina, puesto en todos los sitios y matando muchas corridas de toros, fueron mis primeros años esenciales y necesarios en los que había que triunfar sí o sí. Años en los que lanzaba la moneda al aire y afortunadamente siempre salía cara. He vivido años en los que las cosas no han salido, sobre todo a partir de 2010 con la muerte de mi padre en tardes aciagas en las que no ocurría nada y no estuve al nivel que Madrid requería. Siempre he tenido el respeto y el cariño de Madrid, cuando me ha tenido que ayudar lo ha hecho y cuando me ha tenido que exigir me ha exigido también. En el cómputo general son muchos más los buenos recuerdos que los malos.


Si yo te digo “Las Ventas”, ¿cuál es el primer recuerdo que se te viene a la cabeza?


Recuerdo mi vida, recuerdo cuando yo me fui de joven a Madrid de novillero e iba todos los domingos a la plaza. Mira que yo vivía en el Paseo de Extremadura, en Puerta del Ángel, pero me iba andando hasta Las Ventas, un paseíto. Me agradaba ir con esa ilusión y me quedo con una tarde en concreto, fue una tarde muy especial que fue la despedida del maestro Antoñete. Lo admiré siempre mucho como torero y como persona y me acuerdo que ese día mató dos toros de Las Ramblas. Siempre quedará en mi recuerdo cuando yo empezaba y fue y será por siempre un maestro y reflejo de muchos toreros. Tenía una forma de interpretar el toreo muy especial, de distancias largas, toreo profundo, con trazos largos y un empaque muy personal.


¿Fue el maestro Antoñete tu modelo a seguir?


Fue uno de los toreros en los que me fijé mucho de novillero. También otro torero que ya no toreaba cuando empecé que fue Paco Camino, otro de mis espejos en los comienzos.


Me hablabas que de joven te viniste a Madrid a buscar la oportunidad, a formarte en tus inicios, ibas a la plaza y conoces bien la afición y los gustos de Madrid. ¿Qué quiere ver la afición de Madrid? ¿Qué hay que darle para conectar con ella?


La afición de Madrid es muy peculiar y muy particular. Peculiar en el sentido que se fija mucho en los detalles y una afición que lo que más te agradece es la actitud. Cuando tu tienes una actitud positiva y buena delante de los toros y en una tarde importante ven ellos que vienes a darlo todo, es un público muy agradecido. Tan agradecido que muchas veces no tiene que ser una faena de dos orejas, tiene que ser una faena que transmita emociones pero sobre todo eso, que vean que vienes a Madrid a darlo todo. Lo que tiene también la afición de Madrid es que es muy justa y no tienes que ser figura para que conecten contigo si tú se lo das todo.


Hablabas de hacer sentir emociones. Muchas han sido tus tardes para el recuerdo en Madrid. La más reciente una tarde de Otoño de 2013 a ese toro de Victoriano del Río de nombre “Verbenero” ¿uno es consciente en ese momento de lo que logra transmitir?


Aquel día compartí la tarde con Iván Fandiño que venía dos tardes a Otoño, estaba en su mejor momento y aquel día cortó una oreja. Yo cuajé una de las mejores faenas de mi carrera y si no llega a ser por la espada le hubiera cortado las dos orejas.

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