Encaste Gamero-Cívico


Encaste Gamero-Cívico:

Los ejemplares de este encaste se corresponden con un prototipo de talla media. Se trata de animales de tipo muy basto, con un gran desarrollo de su papada (badanudos). Además son largos, bajos de agujas, hondos y de tipo aleonado.

La cabeza tiene la forma de trapecio invertido, la más frecuente en los vacunos de lidia, siendo muy anchos de sienes. De frente rizada y ojos de gran tamaño. Predominan los ejemplares astiblancos y los cuernos son característicamente gruesos en la cepa, alcanzando mucho desarrollo (cornalones) y astifinos. Con frecuencia aparecen asimetrías en las astas, dando lugar a ejemplares bizcos. Abundan los ejemplares acapachados, cornidelanteros y en general los bien armados. También pueden aparecer toros cornibrochos pero aún estos suelen ser cornalones.

El cuello tiene una longitud media y el morrillo tiene un buen grado de desarrollo.

El tronco es ancho, la línea dorso-lumbar recta o ligeramente ensillada, los cuartos traseros algo derribados y la grupa poco desarrollada, mientras que las extremidades son cortas y gruesas, con pezuñas grandes. La cola es gruesa, larga y con el borlón muy poblado.

Sus pintas características son negras y tostadas, dándose también castañas y coloradas. Los accidentales más característicos de este encaste son el listón y el chorreado en morcillo, dándose también el bocidorado y los más comunes en todas las procedencias ganaderas, el bragado y el meano, así como el ojo de perdiz en los ejemplares de pelaje colorado.

Son reses de mucho trapío, basado fundamentalmente en la amplitud de su compacto tercio anterior y su espectacular cornamenta.

Los ejemplares de este encaste son los que se corresponden con mayor fidelidad con el comportamiento que siempre se ha descrito como característico de la línea Parladé. Así son toros con fama de fríos, más bien abantos de salida, que no suelen emplearse excesivamente en el tercio de varas y que van mejorando paulatinamente a lo largo de la lidia para llegar a la muleta en buenas condiciones, aportando buenas dosis de nobleza a sus embestidas.

Desde que este encaste se escindiera del tronco de Parladé, éste ha sido el tipo de comportamiento más generalizado que han ofrecido en las plazas, con la excepción de los toros de la ganadería que fuera de Juan Guardiola Soto y que destacaban por su espectacular bravura en el tercio de varas, aunque luego solían ser un poco más complicados en la faena de muleta.

Además, las vacadas de este encaste han sufrido a lo largo de su historia periodos de crisis, que amenazaba con hacerlas desaparecer por completo a causa de su declarada mansedumbre, como sucedió con la principal de este grupo, la de Samuel Flores. En estas etapas de hundimiento tan espectacular sólo la pureza de sus genes y una presión de selección durísima han conseguido volver a recuperarlas y mantenerlas en los niveles que exhiben actualmente.

Los toros oriundos del encaste de Gamero-Cívico se ven beneficiados en las plazas más exigentes por su espectacular presencia que hace a los espectadores seguir con atención y respeto la lidia y, pese a su frecuente tendencia a mansear en varas, tienen un caudal de nobleza muy estimable. Su principal inconveniente deriva siempre de la mansedumbre, ya que cuando esta aparece resultan muy deslucidos y además tienen cierta tendencia a desarrollar sentido y dificultades.

Además, su trapío y sus desarrolladas defensas convierten a estos ejemplares en un plato poco apetecido para los toreros, salvo en las ferias más importantes, donde los diestros tienen que justificar categoría y honorarios recurriendo entonces a la ganadería de Samuel Flores, que es la única de este origen que se mantiene por méritos propios en las ferias principales.

En la actualidad el encaste de Gamero-Cívico es uno de los menos extendidos de cuantos derivan de Parladé y, aunque hasta hace unas décadas fue la base de constitución de muchas ganaderías, ha sido desplazado por otras líneas más comerciales y sencillas de lidiar.

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