Encaste Hidalgo-Barquero



Se trata de reses de tamaño más bien grande, aunque en ningún caso lleguen a ser longilíneas. Son altas de agujas y largas. Su volumen es considerable y les permite adquirir pesos elevados, por encima de la media de la raza. Debido a ser de pecho ancho y costillares largos, profundos y considerablemente arqueados les confieren un aspecto cilíndrico que contribuye a crear un prototipo cercano a la hipermetría. Su perfil puede ser recto o un poco acarnerado.






Su cabeza es considerablemente voluminosa, alargada y variable en anchura, de modo que coexisten los ejemplares anchos de sienes con otros que son bastante más estrechos y característicamente cariavacados. Los ojos tienen tamaño grande y un aspecto poco agresivo. Con frecuencia son bastante carifoscos, sobre todo en las carrilladas, y tienen el morro ancho y reluciente. 

Las encornaduras suelen presentar una apreciable variedad siendo gruesas en su base y de longitud variable. Por lo general el pitón es poco fino y más bien corto. De forma más minoritaria se dan ejemplares algo más finos de mazorca, que suelen ser cornalones y de más pitón que la media del encaste. También aparecen toros cornicortos, condición que se acentúa más a la vista de su gran tamaño corporal. Predominan los ejemplares anchos de cuna, astiblancos y con los cuernos dirigidos hacia arriba, siendo frecuentes los bien armados y corniveletos, que evidencian en este aspecto la influencia recibida de la sangre de Tamarón. También se dan astisucios y astinegros, mientras que los astiacaramelados son más minoritarios. 

El cuello suele ser un poco corto, rizoso y con el morrillo bastante prominente, ancho y abultado, de forma que se dan muchos ejemplares un poco "montados". La papada, considerablemente desarrollada, contribuye a embastecer el tipo de los ejemplares. La línea dorso lumbar puede ser recta o algo ensillada, el tórax es largo, ancho y cilíndrico, el vientre bastante abultado, la grupa redondeada y la cola larga mas bien gruesa y de borlón poblado, mientras que las extremidades son anchas y fuertes, provistas de pezuñas grandes. 

La pinta que se asocia más típicamente a este encaste es la berrenda en negro de tipo aparejado, aunque no sea tan abundante como la negra. También se dan ejemplares colorados, tostados y castaños y, con menor frecuencia, cárdenos, berrendos en colorado, berrendos en castaño y hasta berrendos en cárdeno. Excepcionalmente aparecen algunos ensabanados y salineros. En los ejemplares berrendos los accidentales más característicos son el aparejado y el botinero, también es frecuente encontrar reses capirotas, alunaradas, remendadas y mosqueadas. En las restantes capas pueden apreciarse con más o menos frecuencia otras particularidades, como el chorreado en verdugo y en morcillo, entrepelado, lavado, salpicado, bociblanco, bocidorado, bocinegro, ojo de perdiz, ojalado, llorón, gargantillo, axiblanco, listón, rabicano y las más comunes, bragado, meano y bragado corrido.




Las vacas del encaste Hidalgo Barquero presentan los mismos pelajes que los machos y tienen también un tamaño considerable, que las sitúa entre las más grandes de la raza. Son altas de agujas y muy largas, exhibiendo mayor finura de tipo que los toros, aunque presenten un aspecto más recio y menos estilizado que las hembras de la mayoría de las restantes procedencias. Sus encornaduras adquieren buen tamaño y son menos gruesas de mazorca que las que lucen los machos. La línea dorso lumbar suele aparecer ensillada con mayor frecuencia y la ventral es igualmente abultada. Las extremidades son anchas y la grupa amplia, aunque más angulosa e irregular que la de los toros. Las ubres alcanzan buen grado de desarrollo y son más prominentes que la media de la raza, denotando su origen vazqueño.

Durante la lidia las principales virtudes manifiestan en la muleta y que salvo excepciones no cabe esperar una pelea muy brillante en el tercio de varas.

Las reses de este encaste han sido relegadas a los festejos de rejones y populares por su templanza y clase en el galope











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