La Real Maestranza de Sevilla desprecia y no salvaguarda la liturgia en los toros


Viene sucediéndose, tarde tras tarde, ahora en Sevilla, feria seguida por la televisión, y en muchas otras plazas como hemos podido comprobar personalmente, intromisiones de personas que con cámara de fotografías en ristre se meten entre la terna de los toreros cuando inician el paseíllo, componiendo una figura totalmente antiestética, poco profesional y que dice bien a las claras que las formas y maneras pulcras, de respeto y consideración a los mismos toreros y al público espectador que abona su entrada, se las pasan por el arco del triunfo de su capricho. Yo no sé si es para que les vean estar junto a la raya y al mismo lado de los toreros entrometiéndose, moviéndose entre ellos, captando las instantáneas con sus máquinas de retratar, y haciéndolo de forma desvergonzada, sin respeto a la liturgia que debe llevar consigo la fiesta de los toros y, lo que es peor, sin que la autoridad de la plaza ponga coto y remedio a este intrusismo, rayano ya en la invasión cuando la veintena larga de fotógrafos pulula como feas hormigas de movimientos compulsivos frente a los diestros que, tragando saliva, inician el antes y ahora siempre bello y emocional paseíllo.






Pues bien, salvo en Madrid, donde no asoma la gaita al ruedo ni un solo fotógrafo, en muchas plazas persiste esa moda que está acabando y manchando la singularidad litúrgica del paseíllo al aparecer ávidos de captar fotografías de los toreros que intervienen en una corrida, metiéndose encima, obstaculizando el orden e impidiendo al público que vea desde su inicio este desfile de los toreros hacia el juego con el toro como siempre hizo.


¡Qué horrible da en la imagen cuando los toreros van en su andar sereno para pedir la venia al Presidente y entre medias corretean fotógrafos!.

Romper la liturgia taurina es permitir intrusismo en el paseíllo, es no mantener las formas en los callejones accediendo a ellos, es andar de acá para allá como si a uno le fuera la vida en ello para obtener la fotografía, el recuerdo que tal vez luego ni se publica en ningún medio de comunicación.

Cada vez el respeto brilla más por su ausencia y, si no se pone coto y remedio, cualquier día veremos al cura diciendo misa en bermudas y camiseta de manga corta; a un torero desfilando con su niña en brazos; a los periodistas redactando las crónicas desde su casa sin presencia física; y al tiro de mulillas sustituido por otro de burros zamoranos o de un  tractor y a los areneros con pancartas reivindicativas pidiendo un sueldo más justo… Cualquier cosa que con la falta de respeto empiezan luego los grandes cambios y las revoluciones más singulares.

De todos modos, y para terminar, a mis amigos fotógrafos taurinos y a  cuantos intervienen en una corrida de toros o accedemos a ella, recordar siempre a Cervantes: «Un palo vestido, no parece palo«, significando que aunque el fondo sea lo importante, tanto lo son las formas y la compostura respetuosa. Esa es la cuestión. No romper nunca la estética del crucial momento y en lo relatado la actuación ya es irrespetuosa, antiestética e impropia que en Sevilla alcanza cotas más que repudiables, señores maestrantes. Pero claro, a ustedes les importa un bledo la fiesta de toros.










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